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La luz, exagerada
“Aquí exagera la luz.”
Guillermo Lema
exageran la luz
los médicos en las salas de parto
el amanecer que despierta a los amantes
las marquesinas de New York
las pompas y las circunstancias
(sobre todo las pompas)
los fuegos de artificio
la culpa judeo-cristiana
el espejo vanidoso
las marchas heroicas
el reflejo de la vela
tu cara
Eva Abadi
Su abuela decía que la virginidad no se perdía, se entregaba.
Pero a ella se la había robado.
A los 16
tenía en su cuarto
más muñecas que amigas.
Pero lo lobos
saben sacarle
los vestiditos rosas
y las sonrisas de broderí.
No fue el alcohol ni las drogas
que lavan los colores
los que oscurecieron
ese segundo
de soledad
cuando antes de acostarse
la imagen y la culpa
tiñen un recuerdo
de pelos-colmillos
y ganas.
………………………………………………………
Nunca supe cuántas lágrimas dejé en la arena
pero algún lobo viejo
bebió.
Había un ritmo en esa corriente
y yo tan muerta tan calma
me dejé morir.
(o vivir en algún sentido).
Aullaba
sé que aullaba
yo también aullaría
pero aún
era demasiado joven para entenderlo.
Azul Arias
vacían un estante y otro más
abren ventanas para poder
juntas porque solas no
avanzan entre los helechos en la selva
bajo el techo de los padres
invasión que marea
el machete palpita
entre flores
vestidos de la madre
muselinas chifón
y el temor de encontrar las verdades
protegidas en algún estuche de terciopelo azul
solas no podrían
tocar las camisas del padre aquel reloj
explicarle al colibrí
vaciar vaciarse
de escombros y astillas
de la niñez
aún quisieran libar
hermanas en tanta casa
desierta
Nilda Barba
Cuando él murió pidió que sus cenizas fueran al río gris más ancho del mundo. No me pidas eso, dije. Se lo pidió a otra que pudo escuchar con mínimo detalle los datos necesarios. Te obedecí, como siempre. Tenías tus maneras. Dolor convertido en letras.
Me dejé asesorar. Destornillador para abrir la urna. Que me parara a favor del viento para que las cenizas no me abrazaran y se quedaran en mí para siempre. Me dijeron.
Fuimos caminando hasta la costa o la orilla o las piedras. Nos llevó un tiempo. Un amigo querido mandó a su mujer. Cuando tuve que hacerlo, agarrar un pedazo de carne calcinada hecha cenizas, ya ni pensaba. Lo peor había pasado antes o pasaría después. Metí la mano entre la carne caliente y olorosa, tomé un puñado y dije: siempre que vea el agua pensaré que estás viajando. Después siguieron sus hijas y luego fue al mejor postor. Con voz ronca preguntaba quién mas, quién mas. Lo que sobró lo tiré yo.
Desandamos el camino. Recuerdo cada frase, ninguna tenía que ver con tus cenizas. Antes había sucedido todo lo que pareció irreal por tanto tiempo. Antes te dejamos en un cajón cerrado, frío, rígido, para que te quemaran. Te apilaron. No queman en feriados. Llegamos a la casa y todas nos hicimos fetales en la cama que fue nuestra. Calor de nada. Llanto de todas.
Tuvimos que hacer trámites, dar nombres, recoger papeles y volver a buscar ese cuerpo tuyo en una cajita lustrosa que enterramos en el jardín, para tener algo.
Sus hijas de vez en cuando acuden a ese lugar que él eligió para ser pensado. Yo, hace años que no voy. Estela Cáceres
indistintamente del tiempo
no hay río en la inminencia
y la abruma
el aire es un lugar ideal
para llevar el mantel
y hacer un pic-nic
por eso despliega las telas
y se envuelve en sus cuadrículas
se deja succionar por los insectos
la sangre
el aire más que viento es brisa
y las migas se sacuden solas
se pegan en su piel
los promedios
del viaje que siempre es una duración
incompatible
de música y aire y diafragma
de sombras sin pies
ni zapatos
ni sexo
y las ellas son yos
nosotros
en la circunstancia estival
de nuestra posición de cercanía
con el sol
secándonos sin saber
si volveremos a estar mojados
Clara Canzani
entonces
la salvación acecha a toda hora
en todas partes
señora sin lengua
en remolinos
visita los cuerpos
desde lo más profundo
más de lo que se pueda
vislumbrar
vestida de tules ilumina
el túnel de los ciegos
en ascenso descubre sus senos enamora
a los más callados
hiedra persistente
su manto de capullos
desecha lo inútil
suma el nacimiento habita
silenciosa
lejos
los versos de la muerte
Florencia Colombo
rozan sus labios el grillete que sabe a sol escondido cruje el témpano en un mar sin olas y la marea quemando nadadores ambarinos la visitan habla con ellos lloran y a veces sola ríe se enerva si no hay en su cueva de la que poco asoma pupilas que no acostumbran a entenderse
Eduardo Córdoba
la mancha o la sombra
el equilibrio de los exos
la alegría o el éxtasis
la flotación de buda
ojos de gato
alumbran al anciano
que camina
por la soga
despegar lo que tapa
trepo las capas a ciegas
despierto mojado de miedo
sombras y movimientos
me robaban el aire
(lo que no me acuerdo importa)
grifos de sangre tuya
sacuden el presente
sangre de parto y reparto
de propósitos robados obedeciendo
al alma
apretar el dolor de los demás
sí creo que sea
aunque no puedas
tu dolor por recordar
ver por mi luz
que ni yo mismo
los hombres de las sombras
dejaron un resquicio
de duda
y por eso las vértebras
reclaman un espacio
para que sea devuelto
camina el anciano por la soga
hecho criatura
Néstor Chab Terra
A Lizardo Cruzado
algo de todo le envidiaban
a la chuleta gorda
la pendeja peruana
roja sedienta seda
inmaculadas mejillas
by Boticelli
su voz ronca
agónica cautivante
un conjuro
de poemas
cerdo apasionado
mi corazón
teenager
deseó
bajarle sus bragas
conocer
el resto del chiquero
desafiar la calma
de vivir
fiel
a sus sábanas
ah, peligrosa
poesía
Alexa Chami
Grito que hizo
temblar
mariposas negras
mirlos sangrantes
mi tía
era peluquera
hacia peinados
de pájaros y peces
loca de amor
transaba con la pena
dibujaba
centuriones grises
en el cielo
una estela de diademas
mi tía lloraba
mármol
Graciela Fandi
el sangrado de lo eterno no tiene espesura ni color ni huele a feto no se palpa como se abarca el agua se integra tal que el aire en el soplo la hemorragia mortal es otra cosa se agarra al cuerpo exprime calcio/potasio al olfato lo intima a tragar pestilencias la fe desgaja transformando el meollo del incauto infeliz en pulpa seca
Alejandro Gelaz
deslucido estoy
para empezar el día
y desarmarte de espacio
desempolvando una manta
que ya no te cubre
pero destapa tu voz muda
¿yo?
me quedo mirando
de tenido mirar
la nada
¿y vos?
ya sin parpadeos de armas
un murmullo des
conectado de mente
desterrada intento juntarlo
demorando un poco
quizás desprotegido
pero ya vienen
¿quién?
ora desvestido
se atreve
en destemplada tarde
desinfectando el sentimiento
que duele tanto
desconsolar
¿yo?
solo te escribo
una canción para terminar
y un clavel cae después
desapareciendo
Guillermo González Aldalur
-¡ah!, ¿se podía elegir?-pregunta
ahora que ya es vieja
ahora que su vestido es negro, aceitoso,
que ha parido seis hijos y tiene
el vientre entumecido, lacio
el peinado tirante y esa sonrisa tiesa
y finita
-¡ah!, ¿se podía gozar?
era posible entonces dejarse tocar en la entrepierna
sin que los padres miren
era posible cantar con voz profunda
como chavela vargas
no como doris day
el pasito liviano
ese final feliz y tan yanqui
era posible cantar
un bolero
como si entrecerrara los ojos para él
la nuca para él
los pechos como frutas abiertas
y ese olor a verano
y las enaguas flotando el precipicio
la clara manera de decir que sí
-¡ah!, ¿se podía reír y no planchar
el ceño almidonado para que no se enojaran en casa?
como si fuera la calle la apertura
la noche la apertura
un corredor erógeno
un relámpago en la columna vertebral
-¡ah!, ¿no estaba mal tentarse con la risa de otro
con el olor de otro
con la cintura de ese hombre perfumado
que traía jazmines los domingos?-
elegir qué ingles, qué palabras,
qué portazos pegar
cuando le pegan a ella las palabras dolidas
las palabras precarias, amarretas
haber parido hijos y no haberle escuchado
ni un -te amo-
nunca la caricia después de la descarga
nunca una manera de mirar diferente antes del desayuno
¡ah!, el frío la acobarda
es hora de cerrar esa puerta que viene haciendo ruido
es hora de prender el farol
y apenas descansar
Ana Guillot
le crecen alas en la lengua mariposas color naranja barren el paladar de ecos ocultas en las encías las tradiciones y los artilugios de la genética sonríen esas alas por las comisuras (hacen alarde de su propiedad)
no hay que ser inquilino para habitar esa boca sólo esconderse en la cerda del cepillo que lava cada día sus dientes
la sed hace que ella las aprisione a las paredes carnosas y húmedas flecos naranjas quedan cuando respira (después las sopla)
Moni Indiveri de Vega
Rompo el encierro, la rigidez. Por dónde. Acaricio la fisura para derribar. Un muro viejo que calla. Me pertenece. El puño, también el talón. Comulgué con manzanas para limpiar. La mancha de otro que es la mía. Muerdo la cáscara desde adentro. Tiembla. La mandíbula frente a la carne. Soy arcada, brote, hemorragia. Dueña de mi propio. Montoncito de causas y consecuencias. Y una estrella de juguete en busca de mar.
Silvia Jankel
nunca tan malos aires como ahora
tanta hiel tanta negrísima bruma
en los ojos de este techo que no alcanzo a ver
en este cielo entorno que me inunda ocre
combustión final
carne calcinada y agonía
que siente hoy
lo mismo que sintieron
otros que caminaron en hilera
desnudos engañados con la esperanza
con la carga de la mentira
hacia la fila india sin chistar
y pica la garganta se seca la laringe
sin detenerse los ojos lagrimean
no hay lugar que me resguarde
espacio que me defienda
la lengua se seca
la boca se seca la garganta otra vez
debajo de la cama adentro del placard
busco la brizna límpida
pero se cierra la puerta y nadie sale
como una desinfección comunitaria
todos hacinados juntos
bajo un mismo fin irremediable
atacados por la desidia
sustancialmente por el fuego
por los restos de este mundo que huele a quema
por los residuos calcinados que nos vestigian
que nos van ignificando los anhelos
yo sin ver y vos y el otro y el ahogo
que hoy invade el espacio abierto
el espacio negligente de partículas nocivas
que impregnan los alvéolos
e inundan nuestras membranas inocentes
nunca
nunca tan malos aires como ahora
mientras dormimos caminamos
mientras sólo únicamente
intentamos ser
mientras sólo únicamente
respirar
taparse la boca con paños mojados
hasta que arda la pradera toda
hasta que se incinere la tierra misma
con nuestra sangre mezcla de huesos
de luchas inútiles de inseguridades
hasta que nos dure el oxígeno
ponerse un barbijo
creer que oclusionar con el trapo
nos libera del horror
nunca
nunca tan malos aires como ahora
que emanan de la tierra ardiente
de los animales y de las plantas ardientes
de sus pieles quemadas de sus uñas
de sus encías
cenizas que se elevan hasta mezclarse
con el aire con nuestro aire
con el de todos
y allí flotando sin que nadie lo detenga
como aquéllos los de la fila india
entregados
nunca tan malos aires
y nosotros en el medio
hasta que nos dure
el oxígeno
Isabel Krisch
a Celia Gurinski
Un ruido amarillo
una sonata descalza
peces caen
del cielo, pero no verticales
al bies
como la pollera de la vecina del tercero B
el sonido del lemonpie es más rico que el del maracuyá
la arruga de mi pantalón es un orgasmo
de fibras borrachas
las cacerolas juegan a ser hornallas
las hornallas quieren ser vaginitas calientes
y el gas, Channel número cinco
yo levito hace cincuenta siglos
desde que me echaron de Egipto
y a vos te encontré desmembrada y sin querer
te armé al revés
pero igual me gustás
anoche me inyecté un pedacito
de Celia
y salí volando, en tirabuzón.
como la pastillita de Hoffman
que también se fue en silencio
Edgardo Livov
a Guadalupe Elizalde
Vuelva a bañarse en aguas amnióticas. No tenga reservas, no es baba. Gire sobre sí mismo. Todo el líquido debe impregnarse. No deje que el cordón lo asfixie, por eso es necesario que, a medida que se mueva, vaya destejiendo las huellas. Si es usted claustrofóbico concéntrese primero en las texturas. Entrecierre los ojos para ver en la estalactita o estalagmita. Aduéñese de las emanaciones del interior (vaya cargando el archivo de nostalgia). Es lo que le toca, volver al punto. No hay principio y ahora lo entiende, pero es necesario que continúe. Intente gritar si quiere, pedir ayuda. Pero debe entender que durante el proceso que dura el olvido, usted no podrá pronunciar ninguna palabra. Desahóguese, patee las paredes con fuerza. Es importante, ahora no puede derribarlas. Acostúmbrese al envase, es lo que hay. Comprenderá entonces que el olvido es un paso ineludible, sólo así volveremos todos a ser ojos sin sospechas.
Encuentre otra razón para quedarse. Aunque no hay opción, siéntase parte de esta red que multiplica. Así que póngase cómodo. Verá que las instalaciones están a su medida. No hay vértices que lo lastimen, tiene protección y alimento asegurados. Es mejor que afuera, se lo digo por experiencia.
Después de un tiempo, las paredes lo irán comprimiendo y la comodidad quedará en el pasado. Cuando lo empujen, no se resista. Aunque ya esté instalado, es importante que se deje conducir. Si está a disgusto, sólo grite.
Matías Lockhart
granos de arena
granos de arena
arena movediza
arena que desliza
y es lisa
allá en el fondo del mar
sueños del mar sagrado
sueños marinos
y crecerán granos de arena
el grano fértil…la vida
Juan Sebastián Mantilla
No quiero ser negra dice la princesa que colecciona chiquitos y los muerde. Su hijo no tiene corazón y ella lo engaña: tenés. Es negro, qué negrito, lindo.
***
Teo se lima los dientes y esto suena (la lima diminuta y plateada como de uñas). A veces es chicharra como el amanecer en su quinta, digo, otras es una abstracción musical. ¿Cuál es tu solo preferido de maracas? Los rasgos de su boca me reconfortan, los dientes dispuestos. La felicidad es como una sombra agigantada por la luz.
***
Teo y su mordida, filosa. Clavada en el cristal. Espumante no es lo mismo que espumosa. Serán ambas, entonces. Los dientes son mi patrimonio, le dije, y me acordé de mi amigo El Relojero, que hace chistes de dentaduras y corega.
***
Yo era la pequeña muerta tras los rosales, de la que hablaba Rimbaud. Yo, escondida para estar sola y pincharme, para conocer lo que duele. Me gustaba creerme abandonada, como esa foto que me hacía llorar. Qué asco llorar. Y levantaba la cabeza.
***
Era magia, dice la princesa, yo un día dibujé una nena que no se veía, no estaba. Era yo. Y después, llama a Carles: te quiero contar dónde está el niño. Ella piensa: quiero romper los pies de él, sacarle otro dedo. Cuando llega le da un beso: quiero al niño, y le reza al santo maltratadito, como a una virgen sin cabeza o sin cara. Porque lo único que queda de la mujer es la forma del cuerpo, los rayos. La luz. Lo besa y lo muerde, lo deja desnudo, le dice: esto no es erótico. Carles: me gusta tu carita, vení. Pero él es una estatua que se hace moldear, una arcilla siempre húmeda.
Silvina Marino
sólo necesita hablarte con el deseo con el espacio de los lugares deshabitados rojos rosas de tanta savia que cae el deseo de la lengua del lenguaje cuando casi no miente cuando se acerca a lo imposible de decir algo sin palabras
creemos un acuerdo que siempre la verdad sea pájaros que me vas a curar lo hondo de mi agua que estamos juntos en el pacto que la convención es creación nuestra imaginada en los sueños y que no da miedo.
Natalia Monsegur
A Marosa
Y sé que no le importa
El césped ya no era césped. Era pasto, invadido por tréboles comunes, circundado de yuyos con espinas. Todo lastimaba en aquel jardín de mi infancia. Yo me entretenía deshojando margaritas y, en el cuarto nomequiere, lo vi. El Animal salió desnudo de hojas y vestido de hibiscos, y con voz temblorosa me susurró tequiero. Lo miré con pena. Me acerqué. Lo quise tocar. Y lo toqué, con la punta de mis dedos vacíos de zapatos. Y sentí una daga que me atravesaba entera. Y corrí por el camino de pedregullo que lleva al aljibe y las piedritas quedaron teñidas de rubí.
¿Detrás de qué hibisco aparecerá otra vez el Animal?
Aquel vestido me lo había hecho Magnolia, mi madrina. ¿Por qué siempre son las madrinas las que hacen reales nuestros sueños? La blusa era aniñada, celeste, y mostraba un canesú bordado en punto nido de abejas. La falda era larga, color de granada madura y con un tajo como hecho con navaja, que dejaba ver mi pierna adolescente.
¿Detrás de qué hibiscos aparecerá otra vez el Animal?
Sé que vive asaltando jardines. Comiendo mariposas blancas, oxigenando sus pulmones con el aire robado a las lavandas, atiborrando sus manos con cardos, que cuando acarician te lastiman. Y sé que no le importa ver que las estrellas exploten derramando purpurina en llamas, sobre los pétalos indefensos de las rosas. Y sé que no le importa que a su paso los tréboles de cuatro hojas queden mutilados lo mismo que las bromelias sin su dedo.
Y sé que no le importa un carajo que mi risa se ahogue en el fondo del aljibe.
Anamora Morawetz
¿Cómo será mi redentor?, me pregunto.
¿Será un toro o un hombre?¿Será tal vez un toro con cara
de hombre?¿O será como yo?
(La casa de Asterión, Jorge Luis Borges)
Perdida en el templo de las hachas
no temo los juicios que desde los infiernos has de emitir
y lejos de tu cercenado ombligo-cuerda-umbilical
prefiero estrellarme contra las paredes embistiendo
la piedra espejada que refleja en tu figura
la de todos los hombres.
De las manos de tu arcilla salió esta casa
inmensa como el mundo, descomunal, como tú
para que no se noten las salas vacías
que albergas dentro
donde cubres con un manto
el horror de la femenina osamenta
de la doble traición
Cruel Minos,
mandas a un redentor sólo para aniquilar tu vergüenza.
¿Quién guiará tus pasos en la ceguera de los tiempos,
cuando no tengas a éstas, mis astas, para sostenerte en pie?
Aileen Nollman
fijeza en la condena
navaja en la voz
que no perdona no
esa herida en los sueños
y ese beligerante clamor
entre las piernas
yo
voy a encerrarme en el placard
y salir transparente
que nadie me registre
a menos que llore
cuando vuelvas
crujiendo el alma no me des
ni una sola explicación
porque en el tiempo del abismo
cuando cada amanecer
es una herida
encima de tu herida
una soledad hecha nido
yo
miro a dios a los ojos
sin desafío
porque no hay conciencia
no hay lágrima
que oculte el cuerpo
ni esta frontera ambigua
de mujer
que llega a ser costumbre
porque cerrar los ojos
no alcanza para morir
Ana Otaño
Mariposa salvaje
ella es así
tiene trastornos
emocionales agudos
no es bipolar
ni es agresiva
tiene una obsesión
subir al desván
de sus antepasados
cortar un pedazo de tul
del vestido de novia de su abuela
no lo encontró
tuvo que pedir una autorización especial
a un amigo político
fueron con dos abogados
al cementerio paquete
lo único difícil fue
bajar las escaleras
hacía frío
helechos dulces rodeaban el cajón
lo abrió un cuidador de uniforme
ella cortó una esferoidal tela
como la de las arañas sabias
la puso en una caja de cristal
juntó durante abril y marzo
monarcas
color del otoño
las puso en el tul
y un día sin viento
las soltó frente al río-mar
se quedó en la orilla
la mirada llena de humo
Isabelle Panzani
Después de la paella
Te imagino con la panza redonda y gordita.
Blanca por fuera; con una blancura que encandila.
Rosita por dentro, llenita de paella.
Mi mano va palpando con delicadeza los calamares, uno por uno.
Algún langostino por aquí. Un chorito por allá.
Los granos de arroz son como rosarios.
Mi mano te acaricia suave, en círculos.
Lentamente.
Tu guatita se va dejando. Se ablanda.
Ronronea como tu gatita.
Confía en mí.
Pablo Pereyra Murray
se descascaran
turquesa
las aguas
lamen las orillas
del horizonte
una línea que hipnotizada
se acurruca en frescura
y descorre
el viento boreal
porta conjuros
de las huestes celestiales
ramitos de espuma
mandalas de apetencias
talismanes como monedas
introducidas en las olas
piratas
hacen acopio
de ese tesoro de los dioses
nado la sal
se abren las branquias
un orgullo pedestre
habla a mi ser bípedo
encallado
a la superficie
irremediable olvido
tal si el aire fuese
el medio
acuático es mi origen
mis vísceras flotan primitivas
invoco al líquido elemental
quiero recorrer las distancias marítimas
de mi existencia
dormir el suelo
en arrullo
hundirme de savia
en laberintos que tejen las lombrices
inquietas
buscan el rocío de la luz
vivir la dualidad de los centauros
con estigmas de vida
que se cierren al sol
una mirada que nunca termina
sostiene las aguas
Verónica Pomerane
meter la mano
en el costado de tu espina
de adán
y no ver un mundo
de mirra y aloe
meter la mano
y comer las piedras
de tu corazón
abrir los ojos
al cielo
meter la mano
hasta el oscuro
sismo
de tu ovillo
un gallo deshilachado
canta el amanecer
a la hora exacta
meter la mano
sin piedad
sin costuras
María Savastano
Escribe sola
tinta papel lágrima
un refugio
salado
un sol de incienso
humo
con alas hasta el cielo
tinta papel
buscando el alma
lágrima tinta
salada
un refugio
los libros
no mienten
un altar un monasterio
humo
con alas hasta Dios
Rosanna Spinzo
La flor decide enloquecer, es martes.
Ayer logramos que el camisón se descalzara,
sostuvimos el instante sin pensarlo, fue precioso, disléxico, osado.
Atreverse a verse, entrando, sin sostener, discurriendo en el discurso
sin apologías, logias o tus medias.
Miraste, lo sé, lo vi y temí, pero no
El señor que mira, brilla hacia
afuera, no brilla, oscurece.
La glándula obstruida de piedad
quiere llenarlo todo,
y no puede
Solloza e ignora, letras partidas,
sopas hambrientas. Miráme bien,
¿Vas a quererte?
La grasa envenenada de mostacillas
chismosas
Dicroicas arruinándolo todo
Hoy no es martes
no es verano
La casa que no está invade los
silencios
¿Dónde?
Sutileza mexicana y nachos ardiendo
Martes sin tequila
Masturba la naturaleza su propio fruto
Dame.
Fuiste tan lejos el otro día,
Pensé, si sabías volver,
si querías volver.
Guaca - mole
María Marta Viscay
Lautaro
nació en el sueño
de la anterior noche
un serena intensidad
en la desidia
coágulos: la deshidratación del origen
sin pujar
apenas el abombamiento de la piel
un niño solo
separado
acaso el brote definitivo
de la diferencia
una partera vulgar para la madre
vulgar
ausente de nombres de varón
en su obra
el dibujo del poema
la mínima grafía que espera
una forma de llamarse
manuscrita por el árbol
insignias selladas en la ropa
capullo, techo
mantita de ramas
el niño magnolia
del agua
una gestación secreta, a media voz
aún para quienes mueven
la primera costumbre
que no es del padre, ni de lo grumoso
sino antes
de la nube que hace alianza
con una soledad
portón vacío
en la cima de los montes
tronco del cielo
átomo, en uno, ya celestial
y distinto
el tremendo levitar de los sentidos
en el fruto
en la descomposición
una plaga que es gesto
y arduo compromiso
con el culto al amor y a la poda
Guadalupe Lautaro
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